—No es un motor, mija. Es un corazón.
—No confío en los humanos —dijo—. Pero confío en ti.
Optimus Prime había visto suficiente. Con un último mensaje hacia el espacio, desapareció en la noche tejana. Cade Yeager, inventor frustrado y viudo, apenas podía pagar la escuela de su hija Tessa. Su única posesión valiosa era un terreno polvoriento en Texas y un sueño roto de cambiar el mundo con sus inventos. Transformers- La era de la extincion
¿Te gustaría que continúe la historia, o que adapte algún personaje específico como Grimlock o Galvatron?
—Ahora —respondió él, encendiendo un soldador—, inventamos algo que nos defienda de lo que viene. Porque esto no se acaba. Esto apenas empieza. —No es un motor, mija
La batalla fue apocalíptica. Cade, usando un improvisado cañón de chatarra, cubría a Tessa y Shane mientras subían a la nave a recuperar la Semilla. Optimus enfrentó a Lockdown en la cima de la montaña, bajo la lluvia.
—Eres un relicario, Prime —dijo Lockdown, clavándole una espada en el hombro—. Los Creadores me pagarán bien por tu cabeza. Pero confío en ti
—Debo recuperar un objeto —explicó—. La Semilla . Un dispositivo que los Creadores usaron para transformar mundos en metal. Si Galvatron la activa, toda la vida orgánica en este planeta… cesará.