Space — Jam- El Juego Del Siglo

Hay películas que son cine. Hay películas que son arte. Y luego hay una pequeña joya de 1996 donde Michael Jordan se estira el brazo como chicle, un conejo animado usa una camiseta de los Tune Squad y Bill Murray aparece sin explicación lógica. Estoy hablando, por supuesto, de Space Jam: El juego del siglo .

El Pato Lucas está particularmente ácido. Su frase "¿Estás diciendo que no soy gracioso? ¡Yo soy graciosísimo! ¡Soy el pato más gracioso del mundo!" mientras golpea a Jordan con una silla es un momento de comedia pura. Y el Gato Silvestre, eterno incomprendido, tiene su momento de gloria al final: "¡Lo logré, pajarito!" (spoiler: no lo logra). Space Jam- El juego del siglo

La secuela, Space Jam: A New Legacy (2021), lo intentó. Tenía a LeBron James, tecnología de punta y un cameo de Don Cheadle. Pero le faltó el corazón. Le faltó la "suciedad" del 2D. Le faltó esa sensación de que, por un momento, un dios del deporte podía jugar a la pelota con un conejo y que todo estuviera bien en el mundo. Si ves Space Jam: El juego del siglo hoy, notarás los greenscreens defectuosos, las líneas de diálogo robóticas de Jordan y un ritmo narrativo que parece escrito sobre una servilleta. Pero si la ves con los ojos de un niño de 8 años que desayunó Cerez del Lago viendo dibujos animados, sigue siendo un slam dunk . Hay películas que son cine

Hoy, 25 años después (y con una secuela ya en el espejo retrovisor), quiero devolverle el cariño a este clásico imperfecto. ¿Sostiene la prueba del tiempo? ¿O solo nos gusta por la nostalgia de los cereales de desayuno y los vasos de colección de McDonald's? Estoy hablando, por supuesto, de Space Jam: El

¿La recomiendo? Absolutamente. Es una cápsula del tiempo. Es la prueba de que el baloncesto puede ser magia. Y es, sin ninguna duda, la mejor película donde un atleta real pelea contra aliens mientras Bill Murray reparte chistes malos.

Para toda una generación (la famosa Generación X tardía y los Millennials tempranos), Space Jam no fue solo una película. Fue un evento. Fue el primer cruce entre el mundo real y el dibujo animado que se sintió grande . No era Roger Rabbit escondiéndose en un callejón; era el mejor jugador de baloncesto del planeta enfrentándose a marcianos verdes en un partido de altas apuestas.

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